Cómo la temperatura afecta a la calidad de tu sueño
Hoy se celebra en todo el mundo el Día Mundial del Sueño, que tiene como objetivo de disminuir la carga que suponen los problemas del sueño en la sociedad a través de una mejor prevención y manejo de los trastornos del sueño.
Nuestro cuerpo y nuestro cerebro también necesitan descansar, de ahí que dormir sea algo tan vital. Si descansamos bien, ayudamos al cuerpo a restaurar los tejidos y músculos. Diferentes estudios sugieren que pasamos hasta un tercio de nuestras vidas durmiendo. Por eso es una necesidad humana básica, como comer y beber, y es crucial para nuestra salud y bienestar general.
Todos hemos experimentado alguna vez problemas asociados a la falta de descanso: fatiga, dolor articular, dolor muscular y dolor de cabeza y síntomas psicológicos como cambios repentinos en el humor, irritabilidad, incapacidad para manejar situaciones estresantes o tomar decisiones importantes…
Cada fase del sueño está vinculada a una tarea diferente: durante la etapa profunda se produce la restauración física y durante el sueño REM la restauración de la función cognitiva (aprendizaje, memoria, concentración).
Las condiciones ambientales, como la temperatura, el ruido, la luz, el confort de la cama y las distracciones electrónicas, juegan un papel importante en la capacidad de dormir adecuadamente y, posteriormente, en el bienestar general relacionado con esta actividad.
Por eso, entre las recomendaciones para lograr un sueño reparador, podemos citar las siguientes:
-Haz de la cama un lugar acogedor: ropa de cama cómoda, incluidas almohadas, sábanas y edredones.
-Apaga las luces. No solo las eléctricas: bloquea la entrada de luz con cortinas o persianas.
-Apaga la televisión y otros dispositivos electrónicos, como ordenadores y móviles.
-Baja el volumen. Asegúrate de que los niveles de sonido durante la noche sean significativamente más bajos que durante el día y evita ruidos que te distraigan (sobre todo de tu móvil).
-Ajusta la temperatura para que te sientas más cómodo durmiendo. Esta no debe superar los 21 grados (ten en cuenta que si te tapas con edredones o mantas la temperatura ambiental debe ser más baja, para que no tengas demasiado calor).
Fuente: Soluciones Integrales Endesa.





